Esta edición de la Fiesta de la Patria Gaucha, comenzó con perjuicios ocasionados por torrenciales lluvias ocurridas el día jueves, que dio lugar a tomar medidas de urgencia debido  a las inundaciones.
Como bien nos expresara el Sr. Director de Turismo de la Intendencia Municipal de Tacuarembó Darío Ferráz Braga, el escenario natural en el que se enmarca la Patria Gaucha es maravilloso pero “somos demasiado dependientes del tiempo. Acá dependemos de la lluvia pero también dependemos del agua que viene de abajo o sea de las crecientes” y lo cierto es que el predio quedó prácticamente rodeado por las aguas.

El viernes fueron suspendidas las actividades de campo correspondientes a la tarde dadas las intensas lluvias caídas en Tacuarembó y zonas aledañas, las marcas superaron los 100 mlts. en algunos lados.

Se suscitaron complicaciones muy importantes.
Las delegaciones de aparcerías y artesanos fueron evacuadas y por la tarde la Comisión Organizadora reunida en forma permanente decidió habilitar gratuitamente el espectáculo del escenario Francisco de los Santos, dado que el tiempo a la noche ya mostraba una mejor cara.

Fue suspendida la actuación de Jaime Roos, pero el mismo quedó comprometido para actuar en fecha a coordinar tal como lo especificara en su contrato.

Las pruebas de campo del viernes por la tarde se trasladaron para el domingo.  Desde las 8 de la mañana en forma continuada hasta las 19:30 horas, nos explica el Sr. Darío Ferráz, se cumplió con la totalidad de la programación de campo.

El sábado el avance de las aguas bloqueó las vías de entrada manteniéndose solo una de las entradas en condiciones normales.

Hasta el domingo en la mañana se mantuvo una sola boletería, en la tarde ya se pusieron las restantes en funcionamiento, quedando así las tres boleterías funcionando con normalidad.

A pesar de las complicaciones mencionadas a causa de las inundaciones, queda demostrado la jerarquía y responsabilidad de la Organización de la Fiesta Gaucha, ya que sin dudar un instante, solucionado lo problemas, se retomó a todo ritmo  las diferentes actividades de campo y escenario artístico.

MENSAJE: El Sr. Director Departamental de Turismo desea hacer llegar el agradecimiento a toda la gente de las aparcerías que realizaron un gran esfuerzo para venir a construir los fogones que son, dice, “verdaderamente un espejo de lo que fue la historia”. Una tarea realizada con dedicación, superándose año tras año.

Agradece  también a todos los concesionarios de los restaurantes, cantinas, a todos los artesanos “que vieron alterado sus horarios de actividad por los contratiempos surgidos, a todos ellos , les agradecemos infinitamente que nos hallan acompañado”.

MENSAJE: El Dr. Eber Da Rosa (Intendente Municipal de Tacuarembó) destaca la labor de la Comisión Organizadora de la Fiesta de la Patria Gaucha, por su trabajo silencioso, mantenido durante todo el año.

También brinda su agradecimiento a la prensa nacional y local, a la prensa de los países vecinos especialmente la de Brasil, que han dado a esta fiesta la difusión  y la promoción  cuya jerarquía merece y corresponde.

Agradece además a las aparcerías que son un pilar fundamental de esta fiesta y que ha quedado demostrado una vez más, que estas aparcerías constituyen el eje fundamental de la Fiesta de la Patria Gaucha.

Destaca la voluntad de éstas de continuar adelante con las actividades a pesar del mal tiempo reinante y que “aunque llueva y aunque caigan piedras la fiesta se haga igual”.

El Dr. Da Rosa dijo que “esas cosas tenemos que especialmente recoger y valorar, de ese espíritu de sacrificio y de capacidad de emprendimiento de llevar las cosas adelante por más difícil que ellas sean”.   


Escribe María del Carmen Formoso:

Como estaba previsto en el marco de actividades de la 16ª Fiesta de la Patria Gaucha, en la mañana del día sábado 9 de marzo, se llevó a cabo el Desfile Gaucho por las principales avenidas de Tacuarembó, con la participación de más de 2600 caballos y jinetes, pertenecientes a las diferentes Sociedades Criollas participantes e invitadas.

Un brillante sol como el que luce nuestro pabellón nacional, acompañó el desarrollo del desfile, donde cada aparcería muestra sus lujos, y engalana con un despliegue de colorido y creatividad identificando a cada una de ellas.

Oportunidad en que el esmero se plasma en la preparación del pingo, portando sus estandartes con leyendas representativas, y su gente, con alegría y orgullo se manifiestan durante el desfile con la expresión del pago.

El desfile fue encabezado por un grupo de soldados del Regimiento Blandengues de Artigas.

Inmediatamente el pasaje de una carreta portando a la Virgen de los Treinta y Tres, con su escolta de niños, mujeres y hombres de a caballo, que con gran algarabía esparcían durante su pasaje pétalos de rosas.

A continuación participaron las dos Sociedades Criollas ganadoras del Premio Mayor de la Edición 2001 de la Fiesta, Batoví Bonilla y A Poncho y Espuelas, quienes compartieron el primer puesto en la 15ª Fiesta de la Patria Gaucha.

Destacándose la presencia y figura  del patriarca de la gauchada tacuaremboense, Don Homero Formoso, a quién se le brinda justo homenaje en esta edición de la Fiesta de la Patria Gaucha, cuya figura es estampada en el afiche de dicha fiesta, obra del artista plástico Wilmar López.
Sumándose luego,  las diferentes aparcerías participantes e invitadas en la Fiesta Tradicionalista.

Dándole el recibimiento a los participantes del desfile, en el Palco Oficial encabezado por el Intendente Departamental Dr. Eber da Rosa Vázquez, el Intendente de Treinta y Tres  Sr. Wilson Elso Goñi, el Senador Carlos Julio Pereira, diputado Dr. Julio Cardozo, el Director de Ancap Dr. Fernando Saralegui y autoridades departamentales, invitados especiales e integrantes Comisión Organizadora; los payadores José Curbelo y Gabino Sosa, esbosan décimas que identificaban a cada una de las Sociedades parcipantes.

Es de destacar, que en esta edición 2002, el desfile gaucho contó con mayor participación de niños, adolescentes y mujeres, que en ediciones anteriores era mucho menor el número, en especial de niños y mujeres (paisanitos, chinas y chinitas).
Dió la nota, la participación en el desfile de la esposa del Sr. Intendente Departamental, Sra. Rosario de León, quién desfiló integrando la Aparcería de Lazo, Riendas y Boleadoras deSan Gregorio de Polanco.

Fortaleciendo aún más es espíritu de integración latinoamericana del gaucho y la tradición campera,  participaron del desfile aparcerías de Brasil y Argentina.

Y así, con la presencia de todas las Sociedades Criollas participantes e invitadas a la 16ª Fiesta de la Patria Gaucha, autoridades y público en general, se llevó a cabo posterior al desfile, en Plaza 19 de abril, un homenaje al Prócer José Gervasio Artigas.

Tomamos como cierre, las palabras del Payador:

"Ante la enorme figura
del Gral. José Artigas
estará bien que yo diga
mi copla sencilla y pura
las rimas que me apresuran
son veloces como un rayo
y en estos versos que tallo
quiero decir en total
aquí están mi general
tus paisanos de a caballo.

De esta forma, el gauchaje  vivía la emoción de la Patria Gaucha ante un Tacuarembó de pie en las calles céntricas y avenidas, entre ponchos, estandartes y banderas.


MISA CRIOLLA

En la mañana del domingo tuvo lugar la Misa Criolla o Campal, que se realizó en esta oportunidad en el teatro de verano del Parque Rodó, ya que el predio donde habitualmente se lleva a cabo la Santa Misa, el Parque 25 de Agosto, se encontraba bajo agua debido a las lluvias caídas el día viernes a la madrugada. 
Se realizó al aire libre, con la ventaja de ser allí un lugar más arbolado , y con bancos de cemento para los que llegaron más temprano, ya que la Misa tuvo una participación importante de fieles este año.

Contó con la participación del Obispo de Salto Monseñor Gil, varios sacerdotes y diáconos de Tacuarembó, el obispo de Tacuarembó y Rivera Monseñor Julio César Bonino presidió la celebración.

Allí como siempre las distintas aparcerías realizaron originales ofrendas que fueron interpretadas en los versos de los payadores Gabino Sosa y Silvio Curbelo.
La sociedad “las coronillas” acercó la llave de  la iglesia S. Carler de Borromeo.
La sociedad Patria y Tradición del departamento de Tacuarembó ofrendó un poncho.
La sociedad criolla de Tambores ofreció una bandera de la liga Federal signo de la unidad y dijo el payador:

“que como Tambores vibre

esta bandera que abriga

todos los sueños de Artigas

protector de pueblos libres

pido a Dios no se desfibre

la trama de ese idealismo

y a Dios le pido así mismo

en ratos buenos o aciagos

que siga viviendo los pagos

la luz del federalismo”.

Cinco Sauces amigos unidos acerco un par de estriberas que el payador resaltó como símbolo de ésta tierra, se usó en la guerra, en las luchas por la independencia hoy está presente en el trabajo de nuestros paisanos.

La aparcería “Lazo rienda y boleadoras” de San Gregorio de Polanco acercó al altar un banco de ceibo tipo tijera, muy original; el payador Silvio Curbelo recibió la ofrenda con estos versos:

San Gregorio, no está mal

que por brindar ese aporte

un ceibo al monte se corte

en nuestra Banda Oriental.

Bendito sea ese ceibal

ya no dará más pimpollos

ya no adornará el arrollo

con sus bermejos colores

Se quedó un ceibo sin flores

para que descanse un criollo.

El Refugio de los Gauchos acercó una rastra, que el payador recibió como una prenda criolla que al criollo no debe faltarle.

La aparcería Trasfoguero del Yaguarí ofrendó un socador de mortero, como símbolo del alimento de los criollos, la mazamorra.

La aparcería de Queguay trajo al altar un vestido de china como ofrenda, el payador Gabino Sosa lo recibió como prenda casi de lujo del campo.

A Poncho y Espuela puso la nota tierna y simpática durante el ofertorio de la Misa Criolla, acercando un lazo y un tirador, de manos de un paisanito de no más de 5 años, con toda la vestimenta paisana del momento, botas, bombacha azul, camisa, pañuelo y en sus manitos el lazo y el tirador.
Allí se acercó al altar e hizo su ofrenda arrancando aplausos y sonrisas de todos los presentes ante la inocencia de tan pequeño emisario.

Los bogeros  de tala acercaron el pan y el vino al altar, símbolos sagrados con el que culminó el ofertorio de la misa.

La Tribu de los Soares de Lima, nuevamente hizo vibrar a todos los presentes con su marco de canciones que proporcionaron al recogimiento durante la celebración.

La Santa Misa culminó con la bendición del Sr. Obispo de Tacuarembó/ Rivera, Monseñor Bonino que tuvo palabras especiales para el pueblo de Canelones dado que los bueyes que tiraba la carreta que llevaba la imagen de la Virgen de Itatí, en el desfile fueron traídos desde Canelones.


  PREMIOS

PAISANITO 2002: Daian Ruiz del Trasfoguero de Yaguarí.
Segundo representante de Sociedad Criolla de Tambores.

PAISANITA 2002: Andrea Rodríguez Briz de Sociedad Criolla de Tambores.
Segunda representante de Aparcería del Queguay.

FLOR DEL PAGO: Ana Inés Ramos de la Sociedad Juan Gastelú

Prueba de Riendas Santa Josefina ( Sociedades Invitadas):

Mayores - Primer Premio: Oscar Ferreira ( Gauchos de Batoví )

Menores de 7 a 13 años - Primer Premio:  Robert Méndez de los Gauchos del Batovi ( Tacuarembó ).

Menores de 7 años - Primer Premio:  Franco Trinidad de Sociedad Criolla los Renuevos de Quiebrayugos ( Tacuarembó )

Prueba de Riendas Santa Josefina ( Sociedades Participantes):

Mayores - Primer Premio: Omar Correa de Cinco Sauces Amigos Unidos ( Tacuarembó ).

Menores de 7 a 13 años - Primer Premio: Juan Luna de Sociedad Criolla Batovi Bonilla ( Tacuarembó ).

Menores de 7 años - Primer Premio: Noelia Litito del Trafoguero de Yaguari.

Prueba de Riendas Criollos de América:

Primer Premio: Edison Mirazón de Batovi Bonilla ( Tacuarembó ).

Monta Sobre el Rebolcón:

Primer Premio:  Aparcería del Queguay: Pialadores Eduardo y José Escotto
Montador: Rogelio Rifrán

Segundo Premio: Batovi Bonilla: Omar Suárez, Miguel Correa y Julio Ruíz.

Tercer Premio:  Cinco Sauces Amigos Unidos: Edgar Pérez, Omar Correa y Olivio de los Santos.


Carrera del Dormido Sociedades Invitadas:

Primer Premio: Richard Liendo, Sociedad Criolla El Relincho - Los Molles (Sociedades Invitadas ).
Mario Averasturi, Aparcería del Queguay ( Sociedades Participantes)


Tiro de Boleadoras en Potros Crudos:

Primer Premio: José Escotto de Aparcería del Queguay y José Montero del Regugio de los Gauchos de Quiebrayugos (Premio Compartido).

Segundo Premio: ( desierto )

Tercer Premio:  A Poncho y Espuela de Cerro Largo.

Tiro de Lazo en Vaquillonas:

PRIMER PREMIO: Tizones de Ansina
SEGUNDO PREMIO: Refugio de los Gauchos
TERCER PREMIO: El Trasfoguero de Yaguarí
CUARTO PREMIO: El Fogón de Curtina

Aparte en Rodeo:

Primer Premio: Cerro Batoví y Bonilla

Segundo Premio: El Trasfoguero de Yaguarí

Paleteada de Vaquillonas:

Primer Premio: Aparcería del Queguay
Segundo Premio: Cinco Sauces Amigos Unidos
Tercer Premio: El Trasfoguero de Yaguarí

Carrera de Potros:

Primer Premio:   Wilder Rivero de Lazo, Riendas y Boleadoras de San Gregorio de Polanco.

Segundo Premio:  Rogelio Rifrán de Aparcería del Queguay.

Rueda Nacional en Pelo

Primer Premio:  Víctor Machado.

Segundo Premio:   Rogelio Ridrán de Aparcería del Queguay.

Tercer Premio: Ney Rosas

CONCURSO DE DOMA 2002:

Primer Premio: Edison Mirazón de Sociedad Criolla Batoví Bonilla.
Segundo Premio: Tizones de Ansina
Tercer Premio: A Poncho y Espuelas

RUEDA NACIONAL CUERO TENDIDO:

Primer Premio: Ignacio Amaral de Corrales de Paysandú.

Segundo Premio: Carlos Antúnez de Arbolito - Paysandú.

CONCURSO DE TROPILLAS - SOCIEDADES INVITADAS:

Primer Premio:  Los Gauchos del Batoví -Tacuarembó.

Segundo Premio: Sociedad Criolla Los Patricios, Cuchilla de la Palma - Tacuarembó.

CONCURSO DE TROPILLAS - SOCIEDADES PARTICIPANTES:

Primer Premio: El Fogón de Curtina
Segundo Premio: Cinco Sauces Amigos Unidos
Tercer Premio: Lazo, Rienda y Boleadoras
Cuarto Premio: Patria y Tradición

BASTO ARGENTINO:

Primer Premio: Mario Aquino, Paraje Plácido Rossas - Cerro Largo.

Segundo Premio: Héctor Alejandro Borges, Costas del Tornero - Florida.

RUEDA INTERNACIONAL EN PELO:

Primer Premio: Danilo González de Aparcería del Queguay.

Segundo Premio: Alejandro Quináz de Treinta y Tres.

Tercer Premio: Franco Tórrez de Sociedad Patria y Tradición - Tacuarembó.

RUEDA INTERNACIONAL EN BASTO ORIENTAL:

Primer Premio: Gastón Trujillo de Sociedad Criolla Juan E. Gastelú.

Segundo Premio: Federico Rodríguez de Sociedad Criolla Juan E. Gastelú.

Tercer Premio: José de los Santos de Sociedad Criolla Cinco Sauces Amigos Unidos.

MEJOR GRUPO DE JINETES:

Primer Premio: Sociedad Criolla Juan E. Gastelú, integrada por los jinetes Gastón Trujillo, Federico Rodríguez y Raúl Chineppe.

Segundo Premio: Aparcería del Queguay, integrada por los jinetes Danilo González, Almendro Alvarez y Mario Amado.

Tercer Premio: Agrupación Tradicionalista A Poncho y Espuela de Cerro Largo, integrada por los jinetes Juan José Silvera, Carlos CAsas y Gonzalo Silvera.

CONCURSO DE TROPILLAS - SOCIEDADES PARTICIPANTES:

Primer Premio: Sociedad Criolla El Fogón de Curtina.

Segundo Premio: Sociedad Criolla Cinco Sauces Amigos Unidos.

Tercer Premio: Lazo, Rienda y Boleadoras

Cuarto Premio: Patria y Tradición

CONCURSO DE TROPILLAS - SOCIEDADES INVITADAS:

Primer Premio: Sociedad Criolla Gauchos del Batoví

Segundo Premio: Sociedad Criolla Los Patricios de La Palma

YUNTA DE APADRINADORES:

Primer Premio: Javier Costa y Luis Videla de El Fogón de Curtina.
Segundo Premio: José de Mello y Wilson Macedo de ATRI - Rivera.

MEJOR RESERVADO:

Primer Premio: Sociedad Criolla El Fogón de Curtina.

MEJOR JINETE:

Primer Premio: Gastón Trujillo de Sociedad Criolla Juan E. Gastelú.

CONCURSO DE FOGONES:

Primer Premio: Sociedad Criolla Juan E. Gastelú

Segundo Premio: Sociedad Criolla Batoví Bonilla

Tercer Premio: Sociedad Criolla El Refugio de los Gauchos de Quiebra Yugos.

Cuarto Premio: Sociedad Criolla Aparcería del Queguay.

CLASIFICACIÓN GENERAL POR SUMA DE PUNTOS DE TODAS LAS COMPETENCIAS:

Primer Premio: Sociedad Criolla Juan E. Gastelú

Segundo Premio: Sociedad Criolla Batoví Bonilla

Tercer Premio: Sociedad Criolla El Fogón de Curtina

Cuarto Premio: Sociedad Criolla Cinco Sauces Amigos Unidos

SOCIEDAD GANADORA - GRAN PREMIO "FIESTA DE LA PATRIA GAUCHA EDISION 2002:

" SOCIEDAD CRIOLLA JUAN E. GASTELÚ DE CORRALES DE PAYSANDÚ "


“ El  misterio de los Naranjos”

El primer premio del concurso de cuentos con motivo de la Fiesta de la Patria Gaucha fue compartido;  «El misterio de los Naranjos», de Bonifacio Antonio Machado, de Cerro Largo es uno de los ganadores. En la próxima edición publicaremos el otro: «En su ley», de Roberto Mangeley Lamancha.

 “¡ Abuelo, abuelo, tenía usted razón! En el monte, cerca de donde fuimos a pescar habían unos naranjos salvajes; la cosa es medio misteriosa, porque nadie sabe nada de ellos, y un negro viejo que vive en la estancia hace más de cincuenta años, me dijo que él ya los conoció grandes, que comió muchas naranjas de ellos que eran como veinte y que formaban como un gran círculo; ahora quedan unos pedazos de troncos, ya no son árboles, abuelo. Los ví como usted me pidió, ahora le toca contarme sobre esos naranjos...”

“...Bueno, recuerdo que era de noche todavía; lo que el cuerpo me indicaba, por su cansancio, es que era más de madrugada que de costumbre, porque madrugar, madrugábamos; nosotros en esa época, los chicos, nos despertábamos “justo” cuando amanecía. Esa fue mi creencia hasta que cumplí los “siete” y “cambié de categoría”: al otro día, con una amplia sonrisa como diciéndome “...bienvenido al yugo...”, me despertó mi hermana mayor.

Sin duda que esa madrugada era la madrugada de los mayores: con un movimiento distinto, con más de un candil encendido, lo que despertó mi curiosidad inmediatamente. Recordé que esa noche había dormido solo; mi hermanito menor se fue a dormir en la otra pieza porque la Mama lo había encontrado tristón desde que vinimos de la chacra; cuando volvió El Tata de su tarea en el monte, le dijo: Este gurí que está que vuela y no me gusta nada...

El Isolino dormía conmigo desde que nació la bebita y tuvo que salir de la cuna; el Tata no había conseguido ningún cuero de vaca para hacerle el catre o cama, como solían llamarle; era bien rubio y de ojos celestes como el Tata y se llamaba así porque doña Romana, la que nos parturientó a casi todos nosotros, había pronosticado que iba a ser una gurisa y, de ser así, le iban a poner el nombre de la Mama.

Estaba sentado al borde de la cama, medio dormido todavía, cuando nuevamente entró el Tata candil en mano y, arrimándose, me dijo: Engánchese esos pantalones y póngase los zuecos; manoté un buzo y venga, dio media vuelta y enfiló para la cocina. El Tata era así , de pocas palabras, no bruto ni autoritario, era así –lo sé ahora– porque ahí y así le tocó vivir.

Enseguida comprendí que aquel amanecer era distinto y rumbié para la cocina; ésta que daba al otro lado del parral, como se le solía decir al patio, allí estaban todas las plantas de sombra de la Mama, y donde estaba prohibido corretear; allí se recibía a las visitas –si el tiempo lo permitía–, por eso ese patio se mantenía siempre barrido y ordenado.

El ruido y el movimiento inusual que provenía de la cocina, me iban preparando para algo distinto, muy distinto. Ni bien hube cruzado el marco, me enteré que, por ahora, no iba a desayunar el habitual café con fariña de todas las mañanas, así me lo dijo muy quedamente Victoria –mi hermana de nueve años– y que ella se quedaría para ayudar a cuidar a los más chicos junta a Francisca y a la Mama Isolina.

 De pie , junto al fogón, hablaban muy pausadamente, como siempre, sin interrumpirse uno al otro, como siempre. El Tata y La Mama; lo que era igual a siempre eran sus miradas. Al verme, la Mama se vino hacia mí y me abrazó y me besó como siempre lo hacía, pero... ¡no como siempre! La mama estaba arrodillada junto a mí, abrazándome y besándome en silencio, sin dejar de tocarme se echó hacia atrás y me arregló, el cuello de la camisa y el buzo; me miró a los ojos, con los mismos ojos buenos de siempre, pero ahora con lágrimas; por primera vez los veía así: tristes, muy tristes.

Que Dios lo bendiga m’hijo, fueron las únicas palabras que pronunció la Mama; lo que me estaba indicando, al darme su bendición, es que yo partiría, no sabía cuándo ni mucho menos hacia dónde, pero así era.

Unos pasos afuera de la cocina me hicieron volver la cabeza, al tiempo que mi hermano mayor entraba; era mayor que yo y Victoria, porque el mayor de todos era Bernardo, que era tropero en las estancias de Don Justiniano; entró Pedro trabajosamente en la cocina cargando una media bolsa de naranjas y trabajosamente, debido a la fatiga, le dijo al Tata: ...La otra media la dejé junto a los pelegos que vamos a llevar; deje uno por si van a agarrar el tordillo que está en el piquetito. Con sus doce años, Pedro era un niño dispuesto, sin ser comedido, como único varón en la casa después de que se fue Bernardo a trabajar fuera, conocía y hacía las tareas como mejor podía, y se sentía respaldado, ya que muy pocas correcciones recibía por parte de sus mayores; la única rezongona y peleadora era Francisca, nuestra hermana mayor, que por suerte para él, se quedaría a cuidar a la bebita y a Isolino –que según oyó a la Mama decir– ... pasó la noche hablando dormido y ella poniéndole compresas.

Tata, si usted me deja voy a llevar la honda y el cuchillo que me regaló Bernardo, dijo Pedro al tiempo que se sacaba un zueco, ya mojado por el rocío, y lo daba vuelta para que saliera una piedrita que, sin duda, lo molestaba.

Sí m’hijo, y también lleve mi poncho y algún otro abrigo para ustedes; en invierno siempre usábamos más de un abrigo pues, donde estaba roto el de abajo, el de arriba lo tapaba. La maleta de Tata siempre estaba pronta junto al hacha, única herramienta que quedaba fuera del galponcito; solo con el paso de los años comprendí el porqué de ese cuidado, ese celo con su hacha. El Tata me tomó de la mano, se despidió con un beso de Victoria, me indicó con un movimiento que hiciera lo propio, se miraron de forma distinta con la Mama y casi al mismo tiempo se dijeron: Que Dios los bendiga...

 El guardapatio era todo de madera, mejor dicho, eran palos que el Tata –a hacha– había transformado en tablas y tablitas; y allí, junto a la portera de éste, se encontraba todo nuestro equipaje: media bolsa de naranjas, con la boca atada y repartida entre dos para facilitar su traslado (como maleta), tres pelegos atados en forma de rollo, el poncho del Tata y sus inseparables maleta y hacha. Allí me dejó y entró él solo a la casa, de ésta salió Francisca, me dio un beso sin decirme nada y a Pedro solo le dijo: ¡y vos portate bien en el monte!, cuidalo y ayudá al Tata.

Al oir aquellas palabras algo pasó por mí que hasta ganas de hacer caca me dieron... ¡El Monte!, ¡El monte y con el Tata!. Para mí el monte era un mundo nuevo algo inexplicable: los cuentos del Tata, las víboras, los gatos monteses, una y mil historias me vinieron a la cabeza; ¡con el Tata que conocía todo!... y con Pedro que ya lo había acompañado en algunas monteadas... iba tranquilo hacia la aventura.

Aquellos pensamientos fueron cortados por un: ...¡Ayude a su madre m‘hija! Por cualquier cosa estamos de la picada siempre a la derecha, rumbo a la laguna. ¡Ah, m‘hija!... Cueza siempre el agua antes de tomarla, cuide a sus hermanos y a su madre, a lo que Francisca contestó: Tata, lleve unos boñatos, total, la Mama y nosotros no vamos a comerlos todos y a los gurises les gustan. ¡Quién duda que melen una colmena!

¡Ah sí!, ahora sabía que íbamos para el monte y, para mí, el Tata era EL TATA: fuerte, no erraba en nada, ni hachazos, ni palabras, ni rumbo, ni estocada, porque en años mozos –oí decir al Tío Juan, que trabajó en Lavalleja con el Tata antes de llegar a Cerro Largo– bandió a uno de una estocada... Cosas de gurises, y este Vasco loco no toleró la broma, decía a modo de disculpa.

Cuando salía, el sol nos agarró muy cerca del monte y cuando éste despuntó, el Tata ya había decidido donde instalarnos: Quédese por ahí junta a Pedro, cuidando las cosas, que voy a dar una mirada y enseguida vuelvo; el sol, los pájaros y el viento, los ruidos todos del amanecer me acompañaban más que Pedro, que al igual que yo, estaba algo inquieto. La soledad de gente, acompañada solo del monte y sus animales, la compañía de la gente a los animales del monte, ambas cambian las sensaciones de unos y los ruidos del otro, que más tarde, cuando entran en comunión animales, monte y personas, todo vuelve a la normalidad.

Buenos gurises, por aquí, el Tata nos hizo señas y nos aproximamos hacia él con las cosas, que bastante trabajo nos daba trasladar. El Tata, sin camisa y con la vaina del facón a media espalda sujeta por el tiento que usaba de cinto, me sorprendió: Venga m´hijo, me dijo al tiempo que me metía bajo el brazo y, sin darme tiempo a ver nada y menos a ubicarme, cruzó una zanja de un salto; me dejó del otro lado y, sin decirme nada, volvió a cruzar. Creo que fue en ese momento que me hice caca, un poco , un poquito, pero el “coso” en la barriga al cruzar y el quedarme solo en el monte, me dieron esa gana... ¡Y me hice, nomás! Poco y ninguno fue el tiempo que quedé esperándolos, Pedro y el Tata volvieron enseguida con todas las cosas, cruzaron la zanja y me indicaron que los siguiera hasta una clareada en el monte, donde al llegar, nos instalamos. ¡Por Fin! Lo primero que hizo el Tata, fue tender el poncho y decirme: Acuestesé m`hijo, que voy a hacerle el café y demoro un rato.., me miró y pensándolo un poco –tal vez vio mi cara, no sé, de susto, miedo o qué se yo– me dijo: Si quiere puede venir. No es lejos, es aquí... a la zanja.

Mientras caminaba conmigo, de la mano, como siempre, pero un poquito más apretada, no como siempre, en todo había algo distinto, el monte –pensaba yo–, en el monte todo es distinto, hasta los ojos del Tata..., recuerdo que mis pensamientos se vieron interrumpidos por el primer consejo del monte: Sepa esto m‘hijo, aquí en el monte, como en cualquier otro lugar, usted nunca está solo, no tenga miedo; usted cállese y escuche, y escuche y va a sentir que no está solo y por ahí usted se va orientando. Ahh!, m‘hijo, si se pierde o se siente perdido cuando esté conmigo o con Pedro, no se mueva mucho del lugar; elija el árbol más grande y quédese junto a él, que nosotros volvemos por usted...a lo que yo contesté... Y también Tata Dios, Tata... Ahh, si m‘hijo... tiene razón... también Tata Dios nos acompaña.

 De la zanja volvimos con una caldera de agua, caldera fabricado por el Tata con una lata de aceite, haciéndole caso, me senté en el poncho y me fui echando, poco a poco, hasta apoyar la cabeza sobre el rollo que formaban los pelegos, que me servían de almohada, y me quedé pensando en mi compañero de sueños: el Isolino. Recordaba las risas apretadas; apretadas para que no nos retaran, risas de cualquier cosa, pavadas que nos hacían tentar, bueno, no todo era risa, también nos peleábamos por las “cubijas” en invierno.

Despiértese, fue lo que oí, al tiempo que el Tata, más que sacudirme, aquello parecía una caricia en el hombro, como siempre, pero no, ¡NO! Algo me decía que no era igual a siempre, como más suave, tal vez más lento en sus movimientos, no sé, eso ahora no importa, estoy en el monte... ¡en el monte!: Tata, taba pensando en el Isolino; el Isolino es muy chico pá venir ¿verdad? Tal vez fuera todo aquello que me obligaba a hablar, aquello que aisladamente conocía: cada uno de los árboles, los olores, los había visto y sentido cuan-

do la Mama iba a lavar al arroyo y ella jugaba conmigo, y yo era su “perrito” y, jugando, me ataba de una pata al tronco de un sauce mientras ella lavaba en las piedras. Son tantos recuerdos, tantos recuerdos m`hijo, de los unos y de los otros que, a veces, me hacen hablar de más, pero, en fin” –dijo el Abuelo – “¡Qué te estaba diciendo? ¡ah sí! Me ataba de una pata al árbol y así me mantenía entretenido, lejos del agua y el peligro; yo jugaba y ella... ella me “decía” que jugaba.

Sí m’hijo, el Isolino es chico, por eso no puede venir; los ruidos de pasos y ramas me hicieron mirar alrededor, buscando el origen de éstos: es Pedro –me dijo Tata sin levantar la cabeza– que fue a buscar leña y ramas; vaya comiendo este boñato que voy a enfriarle un poco este café. ¡Boniato cocido con café con fariña!, ustedes no saben lo que es eso” –dijo el Abuelo, volviendo a sus recuerdos– “Casi había terminado el boniato cuando me alcanzó el jarro con café, me dejó allí comiendo y fue a ayudar a Pedro, que venía pasando trabajo con unas ramas grandes y unos palos pesados: Vaya tomar su café que está pronto junto al fuego; a éste lo desparrama un poco para no gastar tanta leña en vano, pero procure que no se le apague, que me costó bastante trabajo hacerlo porque la mecha del yesquero demoró en arder. El yesquero del Tata para el monte era hecho por él: un pedazo de cola de tatú, una tira de camiseta y dos trozos de piedra, con eso hacía fuego.

Mientras que Pedro y yo tomábamos café, el Tata cortaba las ramas por aquí, los palos por allí, con movimientos lentos los iba amontonado a unas y otros. Pedro me contó que del otro lado de la zanja había unos manantiales en los que casi perdió un zueco, se los tuvo que sacar y por eso los traía atados, colgando del pescuezo, me dijo que me va a mostrar el lugar porque vio, y le dijo al tata, unos nidos de Teru Teru y van a ir a ver si tienen huevos; del otro lado del manantial hay una isla machaza y tupida a la que no se animó a ir, pero el Tata la conoce y dijo que de allí, siempre , algo se trae.

Terminada la tarea de hacer leña, El Tata vino junto a nosotros y nos dijo que comería unas naranjas: ...así los boñatos que quedan son para ustedes.

Pedro le pidió para ir a buscar unas piedras a la zanja y le dijo que me cuidaría; la mirada del Tata y el ¡Vaya!, sellaron el compromiso que Pedro hizo de cuidarme. El Tata quedó comiendo naranjas.

 No fue mucho lo que demoramos, no habían muchas piedras en la zanja; yo me quedé en la barranca y Pedro bajó: buscó a derecha e izquierda; siempre sin alejarse mucho de donde yo estaba, me indicó una rinconada donde el pasto crecía sobre el agua y me dijo que allí debía de haber una tararira, que después se haría una fija con el cuchillo y me iba a traer para ver si la cazábamos, de eso veníamos hablando cuando vimos el campamento: un delgado hilo de humo y , sentado sobre un tronco, el Tata, cabizbajo y pensativo, comiendo muy lentamente sus naranjas, las que previamente había ordenado en fila a su lado: cuando salía una la cáscara volvía y ocupaba su lugar. Sin lugar a dudas de esa forma mataba el tiempo; mientras , las semillas –a medida que iban apareciendo– las iba enterrando con la punta del cuchillo, muy lentamente. Nunca se volvió a mirarnos; le dijo a Pedro que no se preocupara, que él conocía un lugar en el que había todo tipo de piedras y que, también, le enseñaría a tirar con la honda; nos contó, también, que a la edad de Pedro, pastoreaba las ovejas con su hermano mayor y que así aprendido a revolear la honda; nos dijo que una buena pedrada era peor que un pistoletazo.

Terminó de comer las naranjas, se levantó y nos dijo que iba a dar una vuelta, que nos quedáramos jugando por ahí; Pedro, a su vez, mi indicó que me sentara que el cortaría una rama para hacer la “fija”, aunque lo que en realidad quería era usar el cuchillo, a mí me tocó mantener el fuego con ramitas que Pedro me indicaba cuándo y dónde ponerlas.

Ese mediodía comimos chorizo cocido con boñatos y de postre. ¿Qué te parece que podía ser?; las semillas nos las hacía guardar y él, luego, las enterraba alrededor del claro adonde estaba el campamento. Estuvimos tres noches con el Tata. Fuimos a la isla que Pedro descubrió más allá de los manantiales; encontramos un par de nidos de Teru-Teru, nunca ví ni cazamos ninguna tararira, sí fuimos al arroyito que tenía piedras de todos los tamaños y colores, nos lavamos los zuecos y los trapos de los pies y, mientras éstos secaban, el Tata nos enseñó a revolear la honda. ¿sabés a que honda me refiero? A la que usó David contra Goliat, se enganchó en la muñeca una puna de la honda y agarró con la mano la otra, ¡puso una piedra como mi puño, m’hijo!... Y recuerdo que le brillaban los ojos al tiempo que decía: Así revolean la honda en el pueblo que nací... empezó a revolear y...¡ ZAS! Soltó la punta; zumbó la piedra y se hizo añicos cuando se dio contra una piedra grande que tenía un arbusto encima y, que el Tata nos había pedido que miráramos. Las hacía zumbar... y reía; no lo había visto reirse desde que estábamos en el monte; bueno gurises, junten las cosas, que sino nos va a agarrar la noche antes de llegar al campamento y esta luna no nos ayuda.

 Por el camino nos historió parte de su niñez, nos dijo que era de los Bajos Pirineos, cerca de Francia, que vino de polizón en un barco junto con dos hermanos mayores –más adelante, con el pasar de los años, comprendí que esa era la razón de que el Tata no hablara como los demás vecinos, era más delicado –que en Montevideo se separaron y uno se fue para Argentina, para Tandil, y que él, junto con Juan, se fueron a trabajar cerca de Minas, de donde luego, por ciertos problemas se tuvieron que largar para estos lados.

...Y ahora andamos matreriando también, pero a otros bichos... ¿y a quién, Tata, le matreriamos? Le preguntó Pedro; el Tata se detuvo, nos miró a uno y a otro y nos dijo: Nosotros le andamos disparando al Tifus, que es peor que matreriarle a la autoridad. Tres noches frías pasamos, amontonados cerca del fuego y oyendo los cuentos que a lo largo de mi vida los volví a escuchar, muchas veces a pedido de nosotros, que sin duda precisábamos que nos refrescaran la memoria de quienes éramos y de dónde veníamos.

Al cuarto día el Tata, tempranito, nos hizo juntar las cosas y nos dijo que nos volvíamos para casa. Pedro, con los pelegos a media espalda y los zuecos al cuello, el Tata, maleta y hacha en el hombro izquierdo y conmigo tomado de la mano, enfilamos en ver a la Mama y los gurises.

Yo iba ansioso para contarle a Isolino las cosas que había visto y aprendido y a darle un regalo que había guardado para él ; yo sabía que le gustaban mucho los huevos de Teru-Teru cocido, y de los tres que me tocaron, había guardado uno que lo traía en el bolsillo; de esto ni Pedro sabia, iba a ser un secreto entre Isolino y yo.

Ya iba reconociendo el camino... Cuánto coronemos esa cuchilla ya van a ver los árboles de casa, dijo el Tata... ¿extrañó a la Mama m’hijo?, me dijo mirándome a los ojos como negándose a ver a la distancia; si Tata, y también al Isolino, que como es muy chico pá venir... En la cuchilla, el Tata me upó, para poder ver los árboles y caminó un trecho largo conmigo en los brazos y, cosa rara, al bajarme me besó, me revolvió el pelo y volvió a tomarme de la mano.

Cuando llegamos al pasito el Tata dijo: Se ve que ayer llevaron agua, señalando las huellas que había dejado la rastra; ¿ puedo ir adelante Tata?, preguntó Pedro a lo que el Tata respondió: No m’hijo, mejor vamos juntos, la omita y... allí estaba el rancho; no se veía ningún movimiento. Nos aproximábamos, cuando la Mama apareció en la puerta y, sin detenerse, se arrimó a la portera; Francisca, más atrás, salió de la casa y levantó los brazos a modo de saludo.

Se quitó el pañuelo de la cabeza y se lo ató el cuello; se arrimó a la Mama y nos esperaron del lado de afuera del guardapatio. El Tata apretó el paso y mi mano al mismo tiempo, su respiración, como la mía, era fuerte y apurada; llegó junto a la mama, se miraron más tiempo que el de costumbre; por fin el Tata me soltó y me dolía la mano de tanto que me apretaba; se abrazaron en silencio y durante ese tiempo yo permanecí junto a ellos. Francisca y Pedro caminaban hacia la cocina; levanté los ojos y lo ví, por primera vez lo ví, estaba llorando, sí el Tata lloraba, se separaron, la mama se secó las lágrimas con el delantal y se arrodilló, me abrazó y besó mucho más que cuando nos íbamos, pero en silencio.

Metí la mano en el bolsillo y ahí estaba, pronto para ser regalado; al mismo tiempo, por encima del hombro de la Mama ví dos nuevos montículos al fondo, entre el galponcito de las herramientas y la quinta, allí donde habían enterrado a aquel hermanito que ninguno conoció, habría sido el mayor... allí... allí había dos más.

...Vamos mi amor, dijo la Mama, que dejamos sola a Victoria, aunque ahora está mejor, le bajó la temperatura un poco esta mañana..

Ahora íbamos los tres de la mano, la Mama al medio y yo con la otra mano en el bolsillo... y sin saber qué hacer con el regalo.
ÑAPINDÁ

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URUGUAY
Año 2014