"Premios"

Concurso de Cuentos Gauchos

Primer Premio Compartido:

- "La Redota", seudónimo Jorge, autor Oscar Brocco de Tacuarembó.

- "Lobizón", seudónimo Efrain Baco, autor Pompilio Manuel Marcet de Tacuarembó.

Menciones Especiales:

- "Tape", seudónimo El Horcón, autor Jorge Villalba de Paso de los Toros.

- "La Picada", seudónimo Leñador, autor Mstro Juan Sosa de Tacuarembó.

-"María Samudio", seudónimo Tristón, autor Mstro Juan Sosa de Tacuarembó.

Santa Josefina - Sociedades Invitadas:

Mayores: Ganador Oscar Ferreira de Los Gauchos del Batoví.

Menores de 7 a 13 años: Ganador Pedro Cartagena de los Los Gauchos del Batovi.

Menores de 7 años: Ganador Bruno Castro de Sociedad Criolla de Caraguatá.

Santa Josefina - Sociedades Participantes:

Mayores: Ganador Pablo Ferreira de Sociedad Criolla Batovi Bonilla.

Menores de 7 a 13 años: Ganador Alfonzo Texeira del Fogón de Curtina.

Menores de 7 años: Ganadora la niña Sintia Berrueta de Los Tizones de Ansina.

Criollos de América:

Ganador Javier Costa de Fogón de Curtina

Monta sobre el revolcón:
Ganador Aparcería del Queguay, integrada por José y Antonio Escotto como pialadores y en monta Rogelio Rifrán.

Carrera del Dormido - Sociedades Invitadas:
Ganador Oscar Angio de Sociedad Amigos Unidos de Paso del Cerro.

Tiro de bolas en Potros Crudos:
Ganadores Fulgencio Silvera y Elías Varela de ATRI
(Asociación Tradicionalista de Rivera)

Carrera de Potros Crudos:
Ganador Juan José Mesa de Sociedad Cinco Sauce Amigos Unidos

Paleteadas:
Ganador Ramón Viana y Sergio Curbelo de Sociedad Batovi Bonilla.

Tiro de lazo en vaquillonas:
Ganadores: Daniel Lemos, Fernando Berrueta, Mario Píriz, Pilico de los Santos y José Lucas Lemos de Sociedad Los Tizones de Ansina.

Aparte de rodeos:
Fue declarado desierta, ya que ninguna Sociedad Participante realizo la prueba en forma correcta (no suman puntos).

Carrera del Dormido:
Primero: Mario Aberastugui de Aparcería del Queguay.
Segundo: Marcio Lemos de Tizones de Ansina.

Concurso de Doma:
Ganador Ramón Viana de Batovi Bonilla.

Rueda Nacional en Cuero Tendido:
1º) Diego Leivas - Rivera
2º) Eduardo Mautone - Durazno
3º) Richard Burlón - Tambores

Rueda Nacional en Pelo:
1º) Wilson Acuña - Cerro Largo
2º) Ariel Ferreira - Aparcería El Relincho de Tacuarembó
3º) Nelson Olguín - Aparcería Puntas de Mataojo - Salto

Concurso de Tropillas - Sociedades Invitadas:
1º) Los Patricios de la Palma - de Pilico de los Santos
2º) Sociedad Criolla de Caraguatá

Mejor Grupo en el Desfile Gaucho:
1º) Sociedad Criolla Patria y Tradición.
Premio Destaque del Desfile - Sociedad Criolla Patria y Tradición.

Mensiones Especiales:
Sociedad Criolla de Tambores
Sociedad Criolla Refugio de los Gauchos de Quiebra Yugos.

Concurso de Tropillas Entabladas:
1º) Eduardo Perezutti - Piñeras - Paysandú.

Rueda Especial Basto Argentino:
1º) Julio Barboza - Brasil
2º) Danilo González - Aparcería del Queguay
3º) Marcelo Munich - Entre Ríos - Argentina

Rueda Internacional en Pelo:
1º) César Arbiza - Aparcería Puntas de Mataojo - Salto
2º) Gastón Trujillo - Sociedad Juan Gastelú
3º) Carlos González - Batoví Bonilla
4º) Franco Torrez - Patria y Tradición

Rueda Internacional - Basto Oriental:
1º) Héctor Fernández - Mercedes - Soriano
2º) José Luis dos Santos - Lazo Riendas y Boleadoras - San Gregorio de Polanco - Tacuarembó
3º) Ignacio Susena - Santa Catalina - Soriano
4º) Raúl Hernández - Batovi Bonilla

Mejor Grupo de Jinetes:
1º) Carlos González, Raúl Hernández, Derbi Arbiza, Víctor Brión, de Batoví Bonilla.
2º) José Luis dos Santos, Julio Olivera, Ismael Borges, Pedro Paisal, de Lazo Riendas y Boleadoras - San Gregorio de Polanco
3º) Carlos Casas, Juan José Silvera, José Furtado, Diego Casas, de A Poncho y Espuela - Cerro Largo

Paisanito: Edgardo Paz Silvera - Patria y Tradición
Paisanita: María Marcela Ferreira - Tambores


Flor del Pago: Mara Campelo -
A Poncho y Espuelas de Cerro Largo.

Junta de Apadrinadores:
1º) Carlos y Eduardo Rodríguez - Patria y Tradición
2º) Antonio de Quevedo y Fabián Macedo - A.T.R.I
3º) Daniel Videla y José Méndez - Tizones de Ansina

Tropillas:
1º) A Poncho y Espuelas - Cerro Largo
2º) El Fogón de Curtina
3º) Patria y Tradición
4º) Juan Gastelú - Corrales de Paysandú

Mejor Reservado: Patria y Tradición

Mejor Jinete: Carlos Alejandro González - Batoví Bonilla

Fogones:
1º) El Refugio de los Gauchos - Quiebra Yugos (Representación de una Industria Pecuaria del Siglo 19)
2º) Juan Gastelú - (Representación de una Antigua Estancia)
3º) Batoví Bonilla - (Representación de un Antiguo Comercio "La Telaraña")
4º) Patria y Tradición - (Representación de una Antigua Bodega)

Sociedad Ganadora por acumulación de puntos:
1º) Gran Premio Fiesta de la Patria Gaucha: "Sociedad Criolla Batoví Bonilla"
2º) Patria y Tradición
3º) El Refugio de los Gauchos


Concurso Literario "Cuentos Gauchescos":

Primer Premio Compartido, se transcribe uno de los cuentos ganador "LA REDOTA", autor Oscar "Neco" Brocco.

Desde la puerta del galpón, Faustino vio la nube de polvo que el automóvil dibujaba en el horizonte. No tuvo dudas, faltaba un buen rato para que llegara a la casa.
En el campo se ve lejos, pensó, y eso que está como a tres leguas. Igualmente se dispuso a barrer el galpón, sin apuro, pero triste. Un galpón vacío, aún chico como éste, se hace grande, enorme.
Sólo quedan las huellas del carro de pértiga, el que era de su abuelo y luego de su padre, hasta llegar a él. Herencia de familia empujada al viento, se dijo y escupió a un lado.
Trataba de seguir el curso de los acontecimientos con normalidad, sin alterarse, sin ponerse malo, papá, diría su hijo menor, aludiendo a su enojo cuando la reja del arado se trataba en la tierra dura o el mango del hacha se partía en el tronco de una aruera empecinada.
‘Ta que los parió, quién me manda a mí ser tan bruto. Y eso que mi compadre me advirtió, mire compadre Faustino que esos del banco son gente dura, preparaos pa’ todo, no perdonan a nadie, no se meta con ellos, mire que son amigos de los dotores de Montevideo, mi hermano el Octavio, que trabaja en la Intendencia los conoce, -porqué no escuche a mi compadre, el conoce como son las cosas, terminó la escuela y todo. Yo nunca salí de primero porque me escapaba pal’ monte y endispué vino mi padre y me dijo- gurí, dice la maestra que no estás yendo pa’ la escuela, que vas a ser burro pa’ toda la vida, así que mañana se va conmigo pa’ la chacra, tenemo que levantar los maíces que anoche voltió el viento- Y así me juí de la escuela, pa’ agachar el lomo en la chacra, pa’ hacerme bruto por gusto y gana. ‘Ta que los parió, aura ni Jesucito me salva. El pastor del templo, ese que canta y baila, me dijo- deja todo en manos de Jesús, no te aflijas hermano Faustino, Dios lo arregla todo, tenga fe- Pero ni así, y eso que he rezao, he pedido ayuda, pero nada, pa’ mí que el pastor me mintió, y todavía decía pa’ todos que era mi hermano. Yo creo que era mentira, como todas las cosas de él, yo le pregunté a mamita y ella me dijo que no, que no era cierto y que no anduviera repitiendo eso por ahí, que respetara la memoria de mi padre. Yo creo que mi madre tenía razón.
¡Ta’ que los parió, quién me manda a mí ser tan bruto!.

Cerró la puerta del galpón. No pasó la cadena con candado. No era necesario, la gente del banco no demoraba en llegar y además el galpón estaba vacío, en silencio y oscuro, - demasiado oscuro- pensó Faustino, mientras la nube de polvo crecía con el avance del automóvil y el sol de la mañana ya sobrepasaba los cerros más altos de la cuchilla. El día se anunciaba calcinante y las chicharras, que no habían dejado de cantar ni por la noche, iniciaban su concierto matinal, renovadas por la luz del día.

Me acuerdo el día que llegamos a la chacra, lejos del pueblo, lejos de todo y de todos. Ya teníamos con mi mujer el casal, la Irmita y el Pedro.
Mi mujer los crió bien, con todos los cuidados de madre preocupada y con una sabiduría heredada de su madre, doña Concepción. Mujer hosca y callada, pero derecha y de una sola palabra. Así también le salió la hija, la Teresa, mi mujer. Lo que más me calienta es que le prometí siempre que iba a cuidar de su hija y de sus nietos, que iba a hacer lo imposible para que nunca les faltara nada. Menos mal que la doña ya murió, porque me faltaría valor para mirarla a los ojos y explicarle lo que pasó. Con la Teresa, mi mujer, le cambiamos la cara a la chacra. Cuando llegamos era un campo árido, muerto, reseco y sin futuro. Pero le metimos garra y riñones, de sol a sol, y mi mujer nunca aflojó, siempre pa’ adelante como patada ‘e vaca. Y me decía- dale Faustino, levantate antes de que pique el sol, sino endispué es más bravo, hay que curar las papas y rastrillar los manises. Yo ya ordeñé las vacas y le di máiz a las gallinas. Mirá que la bataraza está comiendo los huevos, vas a tener que quemarle el pico. Ya le di la leche a los gurises y puse unos moniatos a cocinar pal’ mediodía. Ahora voy a regar el almácigo de zanagorias y tapar un aujero en el alambrao de la quinta, ‘toy segura que anoche entró un zorrillo, ¿viste que los perros ni ladraron?- La Teresa, que mujer emprendedora, le sobrababan juerzas pa’ todo, nunca se olvidaba de nada. En cambio aura anda tristona, cabeza gacha, sin ganas de nada, ya no se ríe, anda seria por los rincones de la casa, que ya andan extrañando su escoba de carqueja.

El auto llegó hasta el portón de la chacra y con él se trajo a toda la tierra del camino. Faustino tragó la tierra sin desprecio, total, quizá esa fuera la última tierra buena que fuera a tragar en lo que le quedaba de vida. El trámite fue rápido, ya estaba todo pronto, el remate había sido tres meses antes, en todo ese tiempo sólo hubo que esperar el día, y el día había llegado. Los notarios del banco eran hombres de traje y corbata, blancos de piel, blanquísimos, como si nunca hubiesen tomado sol... Crudos por adentro y por afuera- pensó Faustino. Los hombres le hicieron copiar su firma en la notificación final. Ni se dignaron a entrar a la casa, para qué, no era necesario. Estos hacen el trabajo limpio, el trabajo sucio lo hacen otros- se dijo el chacrero mientras observaba al auto que retornaba hacia el horizonte, renovando la nube de polvo, como si le perteneciera.

Mirá que los bancos son fuleros, tené cuidao- me dijo la Teresa. Pero yo no le hice caso. ¿Quién me mandó no hacerle caso a mi mujer?. Don Alfredo me dijo que no había problema, que sacara un préstamo en el banco, que daban facilidades. Y me decía- Ya es hora de que salga de pobre Faustino, invierta en el campo, saque un préstamo, mire que el gobierno quiere que la gente se quede en el campo, hombres como usted es lo que necesita el país, no sea bobo paisano, métale- Y yo le hice caso, me metí en el banco.
Que los parió, si todo parecía lindo, compre un tractor, ¡guenazo el tractor!, le dí licencia a los caballos y al arao de mancera. La chacra me quedaba chica. Vino un hombre del pueblo pa’ enseñarme a manejar y anduve lindo. Medio chambonié al principio, le erraba las manivelas y las palancas, un día enfilé derechito pal’ chiquero, ah!!, había que ver el desparramo ‘e chancho pa’ todos lados- Y mi mujer gritaba-¡Te vas a matar Faustino, esa cosa ta’ viva!... Me acuerdo de la cara de la Teresa y me río... Me río...pa’ no llorar, endispué que compré el tractor y el arao y la rastra y los fertilizantes y la semilla y... yo que sé cuantas cosas más, cuando parecía que la cosa venía bien,... me agarró la seca de los noventa.

Parece una maldición, las semillas se secaron en la tierra sin germinar, los arroyos y los ojos de agua destilaban tierra y yo sin los “fierros” necesarios pa’ traer agua del río. Decían que con el tractor se podía traer agua, que se utilizaba el motor y no sé qué cuantas cosas más. Pero había que invertir, pedir plata en el banco otra vez y yo ya estaba debiendo cuatro cuotas y me estaba poniendo nervioso- sin ponerse malo, papá- me decía el Pedrito, porque veía que yo ya no daba más. La Teresa, la pobre, me aguantaba la cara de perro apaleao. Hasta la quinta se secó, y si no fuera por la maestra que le daba comida a los gurises no sé que habría pasao, la Irmita ya estaba quedando triste de tan flaca, pero el pobre angelito no decía nada, ni abría la boca. Y los del banco empezaron a apretar y apretar. Parece cosa ‘el diablo, ¡que lo parió!.
La partida fue en silencio, lenta. Costaba despegarse de lo que había costado tanto y que ahora por una mala jugada ya estaba perdido para siempre. El banco se quedó con todo. Faustino y los suyos apenas se fueron con la ropa que tenían puesta y unos bolsitos con la poca y mala ropa que les quedaba. El único perro que todavía tenían se había muerto hacía una semana. Parece que “El Guardian”, el barbilla de raza de Faustino, hubiese muerto para quedarse en su tierra para siempre, como si la muerte fuese un último acto de rebeldía. La mujer del chacrero, Teresa, había perdido su sana jovialidad y alegría, para convertirse en una mumer hosca y distante, los niños obedecían sin chistar todas las órdenes del padre y ensayaban de a ratos alguna sonrisa, sin estridencia, apenas una mueca, como un recuerdo de felicidades viejas.

Mi cuñao, el Artemio, me dijo-Pa’ que te vas a quedar en Tacuarembó, ahí no hay nada, ta’ todo muerto, venite pa’ Montevideo, vas a ver que les va a ir bien, ustedes son trabajadores, son jóvenes, no seas bobo, venite-. Yo le hice caso, no por lo que contaba, sino porque en Tacuarembó no tenía a nadie. Mi familia era de Salto, lindero con Tacuarembó, pero ya no quedaba nadie, el que no había muerto se había marchao a Salto. Hace tanto que no veo a nadie de mi familia, capaz que si los llego a ver no los reconozco. Además en Montevideo no me conoce nadie, y es mejor ir a llorar la derrota lejos del pago- sin dar lástima- como decía mi padre. Yo creo que vamo’ a tener suerte, no puede ser que la taba nos caiga siempre al revés, de repente en otro pago damo’ guelta la pisada.

Ha pedido de Faustino y los niños, el camionero se detuvo frente a la escuela. Allí se despidieron de la maestra y la cocinera entre llantos y abrazos efusivos. La maestra les dijo- No se vayan a ir a Montevideo, allá todo es distinto, nadie los conoce, nadie le va a dar una mano, porque no consigue trabajo en alguna estancia de acá del pago, usted nada, hágame caso, no sea cabeza dura- Ante las palabras de la maestra, Teresa fue a decir algo, pero la veloz mirada inquisidora de Faustino la hizo callar antes de pronunciar palabra. La maestra percibió el gesto y consideró que era mejor no insistir. Los niños se mantuvieron al margen, doña Blanca, la cocinera, aprovechó para servirles el último gran café de campaña, en tazas grandes y humeantes y una fuente de pan casero crocante, caliente, sabroso.

El Artemio no debe demorar, ¡que lo parió!, ya hace casi dos años que estoy aquí y no sé andar solo por la ciudad. El barrio en que vivimos se llama Cantegril de Aparicio Saravia, ¡que los peló, nombre importante y todo!, pero hay poco trabajo. Menos mal que un vecino me prestó un carro pa’ recoger deshechos y me lleva de noche con él a la Aduana. ¡Pa’!, que linda que es la Ciudad Vieja. Todos esos barcos, y esas cosas que levantan la carga pa’ arriba, dice mi vecino que se llaman grúas. Y este Artemio que no viene, fue a buscar unos repuestos de autos en Piedras Blancas, unos amigos le consiguen pa’ que venda y eso es lo que hace. Yo le digo que lo están embromando, que los repuestos son usados, pero él se enoja dice que no, que mire bien, que yo no sé nada, y bueno… yo me callo, pero a mí no me joden, yo sé que son usados, pero bueno… los negocios son de él, y yo he demostrao que no soy bueno con los negocios. Lástima que el carro del vecino no tiene caballo, si no sería mucho mejor, esto de tirar del carro toda la noche me tiene la espalda a la miseria. Lo malo es que los gurises dejaron la escuela, dice que les queda muy lejos, que hay que tomar un ónibus, yo que sé. Pero ni terminaron la escuela, que cosa, son apenas unos gurises y ya ni siquiera los veo. El Pedrito anda con una barra que dicen que van al Estadio, yo ni sé donde queda el tal Estadio ese. Una vez anduvieron los milicos buscándolo, hablaban de un lío, de un herido, que la barra brava y yo que sé cuantas cosas. Al final no sé si lo encontraron, yo hace un mes que no lo veo y a la madre no le pregunto porque cada vez que intento preguntarle por los gurises empieza a llorar y me grita que yo tengo la culpa, que soy un inorante y un despreocupao. Deber ser por el problema de la Irmita, que ya no está con nosotros, hace como seis meses que se fue con un vecino de la otra cuadra, uno que andaba con un barbudo que tenía un auto negro y que después lo cambió por otro colorao, dice la Teresa que una vecina le dijo que el barbudo había venido de Italia y que llevaban gurisas pa’ trabajar allá. Yo no sé porque la Teresa se enoja, si se fue a trabajar mejor, aquí no hay trabajo pa’ nadie. Yo me revuelvo, la otra noche encontré una chapa tirada y una caja de cartón gigante. El domingo me arremango y termino la parte de atrás de la casilla, quien te dice que la Irmita vuelva y haga falta un lugarcito más. De repente juntamos algún peso y volvemos pa’ la chacra, que a esta hora debe de estar tapada de pasto y chilcas. ¡Ta’ que los parió, quién me manda a mí ser tan bruto!.

Oscar (Neco) Brocco
Enero de 2004


"Carneada de una oveja"

Estatua viviente dando la bienvenida a los visitantes.

Vista de la Laguna de las Lavanderas
Representación de una Farmacia
(Soc. Criolla A Poncho y Espuelas)

Representación de una Antigua Bodega
(Soc. Criolla Patria y Tradición)








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