El presente artículo ha sido enviado vía mail al área de edición de nuestro sitio web por Norma y Ricardo, quienes visitaron Tacuarembó y maravillados por los atractivos turísticos que allí encontraron, nos envían esta narración de la experiencia vivida.

Para nuestro sitio web, cuyo principal objetivo es precisamente promocionar los atractivos turísticos de uruguay y en especial nuestro querido Tacuarembó, es que accedimos a publicarlo en forma íntegra.

A Norma y Ricardo, gracias por su aporte y auguramos pronto retorno a las maravillas que tiene nuestra madre naturaleza en el norte uruguayo.
Javier Meneses (Director de tacuy.com.uy)


El Chorro de agua fría era una visita pendiente hacía ya varios años, y aunque aseguraban que había un cartel indicador, durante muchos viajes por la ruta no logramos ubicarlo ni con los datos casi precisos.

Pero fue en este 2007 regresando de la ciudad de Artigas, de su tradicional Carnaval y ahora reconocido como el mayor del país por los desfiles de las Escuelas de Samba que decididos al fin a conocerlo, comenzamos la búsqueda.

En la Estación de Servicio ANCAP en la entrada a la ciudad de Tacuarembó, preguntamos y un muchacho que - según él- había ido, nos explicó un trayecto por la Ruta 26, rumbo a Tambores entrando unos pocos kilómetros.

No había tiempo ese día, ya que demandaría muchas horas y la noche nos alcanzaría y menos mal, pues en realidad eso era Pozo Hondo que también tiene una vertiente.

Seguimos con las expectativas y le agregamos la visita a la Gruta de Los Helechos y de los Cuervos, otros bellos lugares del departamento sin pensar que el regreso al interior sería tan pronto.

Gracias a las lluvias de marzo, la 21ª Fiesta de la Patria Gaucha, se realizaría en Semana Santa.
La fecha perfecta para asistir y recorrer lo que deseábamos, todo en un radio de 60 kilómetros!.
Habrían aparcerías, fogones, jineteadas, domas y mucho, mucho de gente del interior.

Por suerte no llovía el jueves muy temprano de la mañana, nos levantamos a las 4.00 a.m. y cargamos la carpa, sobre de dormir, mudas de ropa, la matera y a los chicos que durmieron casi todo el viaje.
En los accesos de salida de Montevideo, tomamos la Ruta nacional Nº 5, con mucha precaución pues una neblina ó cerrazón como solemos decir acá que impedía sobrepasar los 80 Km por hora nos acompañó hasta que el sol, asomando entre grises nubes comenzó a teñir el cielo de violetas y rosados brillando con fuerza, a las 8:00 a.m.

Los campos blancos por el rocío brillaban con los primeros rayos.
El amanecer en la magnificencia del campo se torna más hermoso y el entorno visual se completa con imágenes naturales, árboles, piedras, algunas casas, y los pájaros que poco a poco iban despertando.

 

Nos cruzamos en esos 380 kilómetros que nos distanciaban de Tacuarembó - en el centro mismo del país- con otros viajeros que también desde temprano, con el termo y el mate, se dirigían al interior.

Para acampar elegimos el Balneario Iporá, a 7 Km de la ciudad de Tacuarembó, lugar muy agradable, tranquilo y además muy familiar.
Ibamos planeando el mejor itinerario, el recorrido y marcando el regreso para el viernes ya que las lluvias pronosticadas para la Semana comenzarían antes del sábado por la madrugada.

Cerca de las 10.00 a.m. llegamos al borde del Lago de la Juventud, realmente plácido, rodeado de árboles y caminos para recorrer, balsas para pescar o sólo remolonear, y además piscinas y muchos parrilleros.

Registro hecho, armado de carpa, un almuerzo rápido y comenzamos la búsqueda de la Gruta de los Cuervos y de los Helechos.
A los pocos kilómetros de la salida del Balneario, se abre un camino a la derecha, (el de la izquierda lleva al centro de la ciudad), de balastro.
De allí se recorren unos 15 Km, pasando por bosques de eucaliptos y de pino.
Luego de dos subidas y una vuelta bastante pronunciada se llega a una casa a mano izquierda y al lado está el Campo Militar Nº 2 - Zapara- del Ejército Nacional, donde el lugar es perfecto para dejar el vehículo estacionado.

Entre ambas construcciones hay una portera (la cual no se abre), con un cartel- caído en el suelo- que reza: "Gruta de los Cuervos", cruzamos a través del alambrado, y entramos en propiedad privada pero la visita está permitida.

En los corrales los caballos nos miraron, y las ovejas que pastaban cerca levantaron la cabeza como en un gesto de " ¡llegaron otros más! ".
Nos recibió algo común de esos paisajes hermosos de nuestro país, arbustos agrestes, matorrales en un montículo de piedras; son como islas en un campo.

Unos metros mas adelante y cruzando otro alambrado se divisa desde lo alto un aparente impenetrable monte indígena; árboles con "barba de viejo", plantas parásitos que dan aspecto lúgrube a los montes.
Paredes de roca, tonalidades de gris y blanco... pero este monte está en una quebrada, muy profunda, más o menos 20 metros hacia abajo; hay que tener cuidado ya que las rocas por la humedad están muy resbaladizas y fueron dos los que se cayeron entre risas.
Es mejor ir prevenido de calzado, cómodo y seguro, con pantalones largos por las picaduras de insectos (principalmente los tábanos) y los arañazos de la vegetación.

A la derecha hay otra portera, y a su lado rastros de una senda pequeña por donde se debe iniciar el descenso, primero hacia delante y poco a poco desviarse hacia la izquierda, la casa desde la cual partimos queda del lado izquierdo en todo el trayecto, siendo ésta una buena manera de no perderse.

Para llegar a la gruta, la cual en realidad son hermosas cañadas rodeadas de bosque, hay que bordearlo para su ingreso, del llano se ingresa de a poco al monte indígena con unas piedras grandes como escalones y pequeñas corrientes de agua que conforman el camino.
El tipo de vegetación es de montes de quebrada, de gran valor científico como estético; por sus características se consideran un tipo de selva subtropical empobrecida.

Lo importante es recordar y trasmitir que, a pesar de ser una vegetación exuberante muy agresiva, se trata de un sistema sumamente frágil.
La temperatura se alterna en las entradas y salidas del monte mientras que dentro de él el promedio son 18º y la humedad relativa es de un 70 %, el calor es pegajoso siendo no recomendable en días de mucho calor, menos en el verano.
Hay troncos, bosque bajo y enmarañado, mucho barro en épocas de lluvia que dificultan el pasaje, el aire se vuelve húmedo y pesado; entre serpenteantes senderos poco transitados llegamos a un lugar lleno de helechos en el suelo, musgo y pequeñas plantas ....el ruido nos lleva a un curso de agua cantarina que no envidia para nada a los manantiales más perfectos.

Es el centro de la Quebrada, el corazón propio de lo autóctono, hay que atrapar los momentos, los aromas, los sonidos en un rincón del cuerpo y dejarlos allí para traerlos en esos momentos que necesitamos la paz.
Los árboles más añosos no logran trepar las paredes rocosas y quedan sumergidos en este microclima húmedo, donde la naturaleza está intacta y el sol penetra por donde el denso follaje lo permite y se refleja en el agua tiñiéndola de azul.

Permanecer callado, aquietar la mente, agudizar los sentidos es alimentar el espíritu; disfrutar los sonidos del agua, del viento, de los pájaros y escuchar resquebrajarse los troncos añejos de los cuales se desprenden algunas ramas.
Los mangangá, las avispas, las hormigas negras gigantes, los ciempiés, gusanos y las arañas pequeñas son los insectos que nos acompañaron en este paseo.

Emprendemos el regreso con cuidado buscando las señales que dejamos, nos cruzan mariposas que alternan los tonos de verde de la vegetación, el aire se vuelve seco y el suelo pasa de musgo a ramas caídas y luego al pasto y la luz.
El ascenso lo hacemos rápido, y de este hermoso lugar recogimos una piedra para nuestro lugar de recuerdos y dejamos atrás ese paisaje agreste tan difícil de acceder.

De la Gruta de los Cuervos, lo que cuervos, vimos uno sólo, los demás estarían haciendo turismo!.

A una distancia de 3 Km, por el camino de retorno, en el cauce del Arroyo Tacuarembó Chico en una quebrada que se une a la anterior está la Gruta de los Helechos, con una vegetación nativa increíble y pequeñas corrientes de agua corriendo por su centro, pero por más que cruzamos alambrado nuevamente y nos embarramos un poco más, no encontramos la portera de entrada desde donde se camina unos 200 metros y luego se desciende por el monte; los lugareños que pasaron por allí, sabían donde quedaba pero en realidad no la habían visitado.

Con sed, -habíamos agotado en poquísimo tiempo la provisión de agua que llevamos -, volvimos a la ciudad a la Laguna de Las Lavanderas, escenario natural de la Fiesta de la Patria Gaucha.

Botas, bombachas, boinas, muchos caballos, gente amable, un clima de amistad en un lugar absolutamente sin asfalto.
Las aparcerías que cada año arman su espacio intentando de alguna manera acercarnos a las épocas pasadas donde el propio gaucho vivió.
Nos mezclamos en esa tierra de recuerdos, caballos, tortas fritas y asado.
Para ver las domas y el concurso de mansedumbre entramos por los corrales del fondo, de esa manera no pagaríamos el asiento numerado ya que su costo era más elevado que la propia entrada.
Agradecíamos andar con las botas de montaña, con buena suela y caña alta porque era mucho el barro existente mezclado con el estiércol de las vacas y de los caballos.

Continuamos el recorrido por largo rato, aún para la programación de la noche faltaba mucho y los espectáculos eran de pié.
Ya bastante cansados y hambrientos nos volvimos al camping con una muy buena porción de asado, (aunque no tan rica como la que estamos acostumbrados a hacer) y con pan casero comprado en Durazno, cenamos y nos metimos en la carpa a dormir.

El viernes amaneció frío, un recorrido al lago, saludos aquí y allá, intercambio de opiniones de lugares a visitar y continuamos nuestro itinerario a valle Edén, pero antes a pesar que los chicos ya conocían todos los alrededores del Balneario Iporá, les pedimos que nos lo enseñaran así lo disfrutábamos más.
Los pinos y eucaliptos rodean un Lago artificial, el de la Juventud, con la zona de camping, las casas de veraneo, las cabañas, el parador y las piscinas.
Un pequeño muelle donde visitantes de todas las edades se instalan a pescar, es también el lugar ideal para arrojarse en las limpias y frías aguas que reflejan el cielo.

Todo nos deja con ganas de volver.
Cruzando el lago por el puente cerca de un vivero, hay un mirador que parece arrancado de una postal continuando un camino de balastro, y a la izquierda, un segundo lago.
Haciendo alarde de su nombre derivado del guaraní, Y - pora, que significa agua hermosa, es lo que es; un bellísimo lugar.

Nos fuimos alejando entre pinos y crujir de ramas, cruzándonos con otros vehículos que al igual que nosotros disfrutan del día y retomamos la Avenida la cual atravesando la ciudad llegamos fácilmente "al Hongo", (un cono invertido gigante) donde se dobla a la izquierda y continuamos por la ruta 26 rumbo al oeste
.
Un paisaje de cerros verdes, los animales pastando, los montes indígenas, las sierras y el viento..., ese viento tan especial que despierta los sentidos.
A 21 Km llegamos al Cerro Cementerio, un gran peñasco de 255 metros de alto, se dice que allí los indígenas cavaron tumbas, veredas y escalones; aún hoy se siguen encontrando restos con gran valor arqueológico.
Al acercarnos y rodearlo vemos las tumbas, cruces de hierro forjadas algunas de época de la colonia y tumbas horadadas en la piedra que datan de este siglo, otras no pasan de los 20 años atrás.

A 2 Km y pasando el arroyo Tambores, a la izquierda está la entrada a Valle Edén, uno de los paisajes mas atractivos de la zona, con espesa vegetación, abundante flora y fauna autóctona.
Tomamos por la avenida y llegamos a la zona de Camping El Mago y El Zorzal Criollo, mucha gente disfrutando el día soleado y el lugar.

Dejamos el auto y nos dirigimos al puente colgante , construido hace casi 100 años, sobre el Arroyo Jabonería que se usa como cruce peatonal para los pobladores y es muy atractivo e inevitable atravesarlo para los turistas.
A continuación del camino que cruza el arroyo hay un puente de hormigón, el agua transparente corre en un lecho de piedras de variados colores, pero en las crecidas no permite el paso.
Pocos metros más adelante y a la derecha, existe aún una vía férrea que lleva a la vieja estación de Valle Edén, con el cartel que indica que sólo estamos a 17 mts sobre el nivel del mar, el surtidor de agua de los trenes, la plataforma para embarcar, todo emerge del tupido monte de la sierra de Tambores que la enmarca. Aún se aprecian dos viejos "motocares", coche motor o ferrobus, -sin asientos ni palancas- que hacen la nostalgia de los grandes, y el cuestionario de los chicos.

Desde allí se accede por dos escalinatas a una casona construida en piedra, donde hace muchos años había una pulpería, al Museo de Carlos Gardel, en un entorno natural del valle.
El edificio reciclado nos recibe con el canto y alberga en cada rincón la imagen y espíritu del Tacuaremboense Inmortal, el " Zorzal Criollo", cuenta con una Sala Testimonial donde se exhiben los documentos que demuestran la rigurosa investigación periodística y legal de la verdadera nacionalidad de Gardel, también hay una biblioteca, cafetería, gabinetes higiénicos y Sala Multiuso, actualmente con pinturas y algunas armas antiguas, Almacén con artesanías para llevar como recuerdo, camisetas con la cara de Gardel y una gran Sala de Vídeo / Cine donde proyectan antiguas filmaciones del Mago.

En un gran patio trasero un árbol frondoso de Guaviyú con un monolito que recuerda que en diciembre de 1999 cumplió 150 años ,traen nostalgias de mi niñez de la estancia donde vivía y comía sus frutos que son pequeños , de una forma redonda que parece una "carita con corona" de color negruzco; opaco pero si lo frotamos, reluce,su semilla es grande y doble; de sabor muy dulce, indescriptible más el día que lo prueben será como el olor de la flor del Espinillo... rara e inolvidable.

En ese patio con juegos elaborados con troncos, algunas hamacas y un horno para pan se reúnen familias y amigos que vienen desde la ciudad los fines de semana o los días feriados a disfrutarlo a plen trayendo canastos con comida y bebidas, reposeras, a veces naipes y mucha algarabía.

Es hora de continuar el paseo, y a pesar de dos opciones que tenemos cerca ; seguir la calle empedrada y caminar 45 minutos hasta el Pozo Hondo con su caída de agua y roca horadada que es vertiente del arroyo Jabonería ó desviarnos hacia el lado contrario y dirigirnos hacia la cueva del Chivo y el Perao Caido que es un desprendimiento de rocas; emprendemos el regreso y nos desviamos a la derecha en el emplame antes de llegar a la ciudad, hacia la ruta 5 para llegar al Chorro de agua fría, no sin antes recargar con agua de vertiente natural nuestras botellas.

Pasamos por el Cerro Batoví, en guaraní "pezón de mujer" , a 25 km de la ciudad, y por "El Gardelazo" , (un gran dibujo de Aroxta); símbolos de tacuarembó.

Contando desde el empalme de Ruta 5 y la Ruta 26 , en dirección al sur a los 40 kilómetros hay una Estancia que están remozando , cuyos dueños que en ese momento salían a caballo a recorrer el campo, fueron más que amables al indicarnos absolutamente todo y con lujo de detalles los minutos que nos separaban del Chorro ya que lo conocián muy bien desde su vertiente, su caída y las ensenadas pequeñas que forma.

En el mojón del km 348 y apenas metros antes del arroyo Quebrada Chica , un cartel y un camino vecinal nos indicaba que allí había que torcer a la izquerda , y que sorpresa cuando leímos " Local feria Don Gabino", tanto tiempo pasando por la ruta y recién nos percatabamos de él !!.

Ya en el camino vecinal a escasos 500 metros pasando una cañada , a la derecha, está el casco de la estancia La Tuna , construcción de época, hermosa, con una lagunita formada naturalmente por las lluvias caídas en los últimos días con patos domésticos y silvestres, garzas con pico de espátula, y resguardados por un alambrado hasta chivos!
A la entrada, comenzaron los carteles indicadores !, ya decían que había un cartel que decía "al chorro de agua fría" !, aunque deteriorado y con pintura añeja con un nido de Hornero en una esquina! , pero había que entrar desde la ruta para verlos !!.
Bordeamos el casco por el lado izquierdo y deleitaron nuestros ojos el patio interior, los galpones con los "sulkys", las carretas, los aperos, y los cueros de animales estaqueados!.
Pasamos la primer portera, seguimos el camino hasta una cañada, y desde allí continuamos a pié, cruzamos así dos cañadas poco profundas con agua muy clara.

Una flecha atada a un poste cerca del alambrado, indicaba el inicio de la caminata de los 5 km que nos llevaría al monte.
El día continuaba con la tibieza del sol que se colaba entre las nubes y la brisa nos traía el olor a campo y la lejanía.
Nos acompañaron ovejas, vacas con las cuales nos divertíamos preguntando por donde seguir y a cada muuuuu, le decíamos gracias o algo divertido!.
Buscamos nidos de Tero tero que como dicen: pega el grito aquí, pero pone los huevos en otro lado así como también de perdices que volaban alejándose con ese singular sonido del aleteo , sin suerte alguna.

Otra portera y entramos a un maizal, continuando por el alambrado izquierdo llegamos a la tercer y última portera; volviendo a campo abierto.
Nada indica nada, a la derecha se divisa una isla de árboles y a la izquierda, arriba muy a lo lejos, la silueta de dos carteles.
Ahora diferentes, apoyados en dos columnas de hormigón, apenas distinguiamos lo que desde añales atrás estaba escrito "Chorro de agua fría =>", uno allí, otro más adelante y seguíamos ahora sintiendo el campo mojado bajo nuestras botas.

Otro kilómetro y en la parte más alta, un pequeño cementerio que a la distancia nos pareció una pequeña casa antigua, el cual dejamos poco a poco atrás.
Más carteles aislados y comienza la bajada , los cuervos que sobrevuelan plácidamente aprovechando las corrientes de aire, nos advierten la presencia de una quebrada; la vegetación se incrementa con arbustos , árboles y el suelo rápidamente se llena de piedras de todos tamaños.
Cúanto más faltaba ?. Se sentía el sonido del agua que caía !!

El último cartel grande indicaba seguir a pié, pero hacía rato que lo veniámos haciendo!!, si tuviéramos una 4 x 4 ! - esto nos hizo pensar en una futura compra para el turismo aventura que venimos practicando-.
Serpentea el camino, y ahora en zig zag seguimos descendiendo; los carteles son sólo un rectangulo en blanco sobre una gastada columna, alguno lleno de agujeros de bala del cual de recuerdo nos llevamos una.
Al entrar al monte las pequeñas vertientes de agua y el camino de los animales nos obligaban a cruzar agarrándonos de ramas y abriendo las piernas en el mayor ángulo posible para no enterrarnos en el barro y la vegetación.

Entre claros y pasajes entre arbustos y matorrales llegamos al tramo final, una última entrada al monte, los árboles de laureles, falsa mandioca, sarandí blanco y colorado, arrayanes, hasta pitanga se entrelazan sin sendero marcado claramente.
Nos encontramos también con higuerones , yerbatales silvestres y guiandonos por las pendientes húmedas seguíamos descendiendo junto a frondosos helechos cuyas hojas llegan a medir un metro cincuenta centímetro de longitud.

El sonido comienza a guiar y el ruido del agua contra la piedra se hace cada vez más potente, se une a nuestras pisadas y exclamaciones, la expectativa crece cada vez más hasta que se siente un grito - ¡allí está!, hemos llegado!.
Y sin poderlo creer, nos atrapa un majestuoso mural ! las aguas del Arroyo Aguas Frías chocan contra el lecho de rocas esparcidas en la quebrada, esparciendo brillo alrededor.
Después de tanto tiempo allí estábamos, contemplando lo que pocos uruguayos han visto!, un hermoso lugar bien resguardado!.
Por unos instantes desplegamos los sentidos... solamente mirábamos, sentíamos, escuchábamos la naturaleza en plena sinfonía.
Escalando de una roca a otra salpicaba el agua , todo era resbaladizo por el musgo y la humedad; pensamos en la posibilidad de subir hasta el arroyo, pero no había acceso fácil.

Luego de un breve descanso retomamos el regreso que se hizo más dificultoso en su primer tramo, después a campo traviesa el tranco fue más uniforme.
Cayendo el sol llegamos a la cañada donde nos esperaba el auto con una buena provisión de agua.

Con un sentimiento especial por el tiempo que no teníamos para quedarnos y la lluvia que se avecinaba, la única opción era volver a Montevideo, previo paso por la ciudad de Paso de los Toros a cenar.
De retorno a la Ruta 5 rumbo al sur, a pocos kilometros del Arroyo Quebrada chica, se encuentra el Arroyo Quebrada Grande, con un descampado , un descanso en la ruta, y allí el Santuario de la Difunta Correa donde muchas son las personas, principalmente camioneros que se detienen a orar, a realizar pedidos, y a dejar botellas con agua como ofrenda.

Según la leyenda, el marido enfermo de Deolinda Correa fue forzado a unirse a las montoneras en el año 1840 durante las guerras civiles entre unitarios y federales, angustiada por la situación, tomó a su hijo lactante y siguió las huellas por los desiertos de la provincia de San Juan, Argentina. Cuando sus provisiones se agotaron, Deolinda murió a causa de la sed, el hambre y el agotamiento. Sin embargo, cuando unos arrieros pasaron unos días después por la zona y encontraron el cadáver, su hijo seguía vivo, amamantándose de sus pechos, milagrosamente vivos.
El tránsito en la ruta era escaso y muy tranquilo, calculamos que llegaríamos a casa antes de las 23 , una buena hora para descansar toda la noche.
Este ha sido uno de los tantos viajes entre naturaleza que estamos realizando dentro y fuera de nuestro país.


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